ParÃs, botÃn artÃstico de los nazis
29 September, 2008 on 7:31 am | En ArqueologÃa, Actualidad, II Guerra Mundial |

El Tercer Reich creó una administración para expoliar obras de arte en ParÃs. TodavÃa hoy se desconoce el origen de muchos de los cuadros
Cuando los tanques del Tercer Reich entraron triunfalmente en ParÃs, el 14 de junio de 1940, apenas encontraron resistencia. DÃas después, cuando el Mariscal Pétain firmó el armisticio para cesar las hostilidades en Francia, los nazis decidieron hacer suya la ciudad de las luces y la transformaron en territorio ocupado. Fue entonces cuando Adolf Hitler, pintor frustrado además de Führer, tuvo una idea muy simple pero eficaz: desvalijar la capital y usurpar su inconmensurable tesoro artÃstico. Vengarse, saquear y saquearlo todo, metódicamente, con violencia o en silencio.
La idea del lÃder alemán se tradujo en la creación de varias administraciones que, instaladas en ParÃs, organizaron una ingente labor de expolio. Incluso construyeron varias vÃas de escape para ocultar las obras. Entre las instituciones fundadas destacó el Einsatzstab Reichsleiter Rosenberg (ERR), un órgano especial del Reich que funcionó entre abril de 1941 y julio de 1944. La ERR fletó desde ParÃs unos 138 convoyes ferroviarios cargados con 4.178 cajas repletas de obras de arte.
Los trenes tomaban las mismas vÃas de salida de Francia que los convoyes del Holocausto, pero llegados a la frontera alemana su dirección cambiaba. No iban a los campos de concentración, sino que tomaban varias direcciones de distinto signo. El propio Hitler -y también otros jerarcas nazis como Ribbentrop y Göring- fueron los destinatarios personales y particulares de muchas de las obras, que acababan colgadas en salones privados.
No deja de ser sorprendente, pues cuando esos cuadros llevaban la firma de Picasso o Matisse, los lÃderes nazis preferÃan mantener en secreto el hecho de conceder valor a unas obras que, públicamente, en mÃtines enfervorecidos, denunciaban como “arte degenerado”.Por eso, además de llevarse el botÃn artÃstico a sus domicilios y a museos del Reich, crearon un sistema de intercambios por el que recolocaban ciertas de esas obras “degeneradas” en los circuitos de compraventa de los marchantes de arte, muchos de ellos en Suiza. AsÃ, las obras robadas a las familias judÃas parisinas acabaron dispersas por todo el mundo.
Muchas obras siguen huérfanas
Un grupo de expertos reunidos en ParÃs la semana pasada estimó que, en total, los nazis robaron unas 100.000 obras de arte en Francia, principalmente en la capital gala. De ellas, 60.000 regresaron y unas 45.000 han vuelto a su propietario original o sus herederos. Miles de obras se exponen legÃtimamente en museos nacionales, pero 2.000 obras aún siguen huérfanas y duermen en el Museo Nacional de Recuperación francés, a la espera de que alguien las reclame legÃtimamente. A estas obras hay que sumar las que siguen perdidas en colecciones privadas de todo el mundo. De entre estos cuadros, de artistas como Cézanne, Chardin, Delacroix, Matisse, Monet y De Vlaminck (en la imagen), destacan aquellos que han sido considerados irrecuperables.
El Museo de Arte e Historia del JudaÃsmo de ParÃs, que dedica hasta el 26 de octubre una exposición con 53 obras expoliadas, muestra algunas obras enigmáticas, como Mujer con Turbante. Los expertos saben que fue pintada por algún maestro italiano, o de inspiración italiana, en el siglo XVIII, pero nada más. DifÃcil, pues, localizar al que fuera su propietario en 1941.La mayorÃa de esas obras huérfanas o desaparecidas lo son precisamente porque no fueron robadas por los nazis oficialmente, ni presentadas en un museo o en una gran colección politizada, como fue el caso de la colección Rotschild. Estas obras fueron arrancadas de pisos particulares por obra de un subórgano especial nazi, el Dienststelle Westen, dirigido por Kurt Von Behr, especialmente detestable.
Se encargó de poner en su punto de mira 38.000 apartamentos de ParÃs, en su mayorÃa abandonados por familias judÃas, exterminadas o huidas para evitar el exterminio. Entre ellas, muchos pisos de familias de simples artesanos y artistas que, sin un duro, tenÃan cuadros con valor en el ParÃs de las vanguardias. Y también apartamentos como el situado cerca de los Campos ElÃseos, en el 21 de la Rue de la Boétie, domicilio del marchante Paul Rosemberg. AllÃ, los hombres de Kurt Von Behr echaron mano nada menos que a varios Picasso.
Vigilado por la Resistencia
Lo que no sabÃa el Mariscal Hermann Göring es que, durante el saqueo generalizado, sus movimientos estaban siendo vigilados. El hombre, que efectuó varios viajes a la capital francesa para supervisar personalmente el robo de ciertas obras utilizando un almacén central en el hoy Museo del Jeu de Paume, estaba bajo la lupa de la Resistencia. De hecho, Göring acudió en persona al museo a primeros de mayo de 1941 para hacer una de sus selecciones, pero desconocÃa que la conservadora de la institución, una francesa pequeñita y con gafas y que tan amablemente le ayudó a consignar y rellenar las fichas, trabajaba, en realidad, para uno de los canales clandestinos que lucharon contra el Eje en territorio francés tras el armisticio del 22 de junio .
La frágil mujer, una historiadora del arte llamada Rose Valland, llevó, durante cuatro años, una escrupulosa contabilidad paralela, en secreto y corriendo riesgos considerables. Cuando sabÃa el momento de partida de un tren con el botÃn nazi, informaba a sus camaradas de la CGT-Rail, que intentaban frenar la operación mediante huelgas y explosiones. Si el tren, pese a todo, lograba pasar a BerlÃn, Rose Valland se encargaba de enviar la lista de obras a los servicios secretos británicos, soviéticos, norteamericanos y a los de la Resistencia francesa. El trabajo para recuperar lo robado habÃa comenzado.
Via: publico.es
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