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El extraño viaje de los restos de Mussolini

Posted By NuriaB On Agosto 24, 2008 @ 8:56 am In Actualidad, II Guerra Mundial | No Comments

El extraño viaje de los restos de Mussolini - imperioromano.com

Se cumplen cincuenta años desde el entierro oficial del Duce

Más de sesenta años después de su ejecución, aún perdura un turbio misterio entorno a las circunstancias que rodearon la muerte y sepultura de Benito Mussolini. En septiembre de 1957, tras un largo periplo, el cuerpo fue devuelto a su viuda, Rachele, que lo enterró en el cementerio San Cassiano de Predappio. Esto es lo único que se sabe con certeza.

La crónica de lo que sucedió con el cadáver es todavía una incógnita. Todo comenzó en abril de 1945, cuando el Duce, una vez que la guerra estaba perdida, huye a Suiza junto a su amante, Clara Petacci, y varios miembros de su gabinete.

Sin embargo, un grupo de partisanos los intercepta el 27 de abril en Dongo, cerca del lago de Como. Tras un juicio sumarísimo, son ejecutados. Los cuerpos son vejados, colgados de los pies y expuestos a la multitud. Los restos de Mussolini son trasladados a la plaza Loreto de Milán, donde dos semanas antes los alemanes habían fusilado a quince miembros de la resistencia.

El Duce acaba sepultado en el cementerio de Musocco, en una tumba anónima para impedir el peregrinaje de los nostálgicos.Apenas un año después, en abril de 1946, un grupo de neofascistas encabezado por Domenico Leccisi averigua su ubicación y roba el cuerpo. No sabían qué hacer con él, pero encuentran la conveniente ayuda del Padre Parini, un excéntrico sacerdote milanés. Semanas más tarde, lo entregan al convento de Sant’Angelo. Durante el viaje, el cadáver pierde dos dedos y una pierna.

Complot gubernamental

La desaparición del Mussolini sin vida se había convertido en fenómeno mundial. El arzobispo de Milán, enterado de su paradero, informa al Gobierno italiano. Entre todos acuerdan esconder el cuerpo en el convento capuchino de Cerrro Maggiore, donde permanece once años y cae en el olvido. Después, en 1957, el fascismo “ya no representa un riesgo para la sociedad italiana”, según el primer ministro de entonces, Adone Zoli.

En realidad, el político demócrata-cristiano necesitaba el apoyo de los diputados neofascistas para seguir gobernando. A cambio, los restos de Mussolini debían restituirse. Y, en efecto, el 29 de agosto de ese año, el Duce volvió a casa. Los fascistas sabían la importancia de los símbolos políticos: Las visitas a la tumba llegaron sin cesar durante semanas.

El escritor y periodista Fabio Bonacina analiza estos hechos en su libro Mussolini después de plaza Loreto. Según afirma en entrevistas a medios italianos, los acontecimientos constituyen uno de los enigmas más controvertidos de la Italia de postguerra: “Salpicó a una multitud de personajes públicos y evidenció la debilidad de nuestra administración”, asegura.

Via: [1] publico.es


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