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La ambición de la reina Cleopatra

Posted By Historiador On Octubre 9, 2011 @ 4:22 pm In Egipto, Personajes | No Comments

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La corte de la Alejandría de los Ptolomeos era un nido de intrigas. Para mantenerse en el trono, la joven Cleopatra VII, apoyada por Roma, tuvo que mostrarse tan implacable como sus rivales.

Educada en una corte plagada de conspiraciones y asesinatos, la joven Cleopatra VII tuvo que aprender muy pronto a hacer frente a los peligros que la acechaban para lograr afianzarse en el trono. Para ello contó con la ayuda de la poderosa Roma. En el año 80 a.C. estalló en Alejandría una revuelta popular contra el joven soberano de Egipto, Ptolomeo XI. Éste acababa de hacer asesinar a su esposa, Cleopatra Berenice III, muy popular entre los alejandrinos, quienes inmediatamente se rebelaron contra el rey, lo arrastraron fuera del palacio y lo lincharon en la plaza pública. La situación creada era extremadamente peligrosa, pues el faraón había llegado al trono gracias a la intervención de la todopoderosa Roma, y su muerte sin descendencia significaba que los romanos tenían derecho a anexionar el reino de Egipto, según el acuerdo al que habían llegado unos años antes con el padre del faraón asesinado. Los habitantes de Alejandría se apresuraron a elevar al trono a un miembro ilegítimo de la estirpe real, que gobernó como Ptolomeo XII junto a su esposa y probablemente hermana, Cleopatra V Trifena. Al principio, Roma no reconoció este nombramiento, pero Ptolomeo XII compró su aprobación con ingentes sumas de dinero, que recabó de prestamistas romanos. Con ese fin viajó a Roma en 58 a.C., posiblemente en compañía de su hija Cleopatra, que entonces tenía unos doce años.

El rey, autoproclamado «Nuevo Dioniso», impulsó el culto dionisiaco, consistente en festivales públicos y banquetes en los que la danza y el vino desempeñaban un gran papel, ligado a la fertilidad. Durante el período que Ptolomeo XII pasó en Roma (58-55 a.C.), Egipto estuvo regido por su esposa Cleopatra V Trifena (o puede que por su hija Cleopatra VI). Cuando ésta murió, su hija Berenice IV se hizo con el poder real en solitario, tomó un marido a su conveniencia, Arquelao, y ambos reinaron con el apoyo de los alejandrinos. Arquelao marchó con un ejército a Egipto, fue derrotado y murió. Ptolomeo XII recuperó el trono y Berenice fue ejecutada junto a los alejandrinos más ricos que la habían apoyado.

Después del violento final de su hermana Berenice, Cleopatra, que contaba catorce años, fue nombrada corregente de su padre. Se mantuvo en ese papel hasta la muerte de Ptolomeo XII, acaecida en 51 a.C. En su testamento, el rey había nombrado sucesores, a la vez, a sus hijos Cleopatra y Ptolomeo, bajo la tutela y protección de Roma. Esta política y la complicada situación en Roma (donde el Senado temía que la anexión de Egipto rompiese el equilibrio de poder entre Julio César y Pompeyo, enfrentados uno a otro) lograron prolongar por un tiempo la existencia de la dinastía ptolemaica y la independencia de Egipto. La nueva reina se hizo llamar Cleopatra VII Tea Filópator, «Diosa Amante de su Padre», marcando distancias con la díscola Berenice. Cleopatra debió de extraer lecciones para el futuro. Una de ellas fue, sin duda, la importancia de contar con el apoyo de Roma para mantenerse en el trono. La otra, la desconfianza hacia sus familiares más próximos.

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