La homosexualidad en el paleolÃtico
5 Marzo, 2011 on 7:00 am | En ArqueologÃa, Actualidad, Prehistoria |
La libertad sexual llega a la prehistoria. Tras más de un siglo de mojigaterÃa, una exposición en la cuna de la paleoantropologÃa española, los yacimientos de Atapuerca, sacará del armario los indicios que sugieren que el sexo homosexual era habitual en el PaleolÃtico. Las pruebas parecen consistentes. Un grabado en una placa de piedra de la cueva francesa de La Marche muestra lo que parece una mujer dedicada a hacerle un cunnilingus a otra. En otra piedra caliza del abrigo rupestre de Laussel, en Dordoña, alguien talló hace unos 27.000 años a dos mujeres con las piernas entrelazadas, en la postura conocida como la tijera. Y en Gonnersdorf, un yacimiento alemán en la orilla del Rin, decenas de placas muestran parejas de mujeres. Una de ellas, de 12.000 años y bautizada las bailarinas, muestra dos hembras frotando sus pechos en actitud cariñosa. Y también hay un coito anal entre dos hombres en La Marche.
Sin embargo, el estudio de la prehistoria está sometido a un dogma desde el siglo XIX: la sexualidad de los mal llamados hombres y mujeres de las cavernas sólo estaba orientada a la reproducción. El lesbianismo y la homosexualidad masculina son tabú. El estudio de la prehistoria ha sido, en cierto modo, homófobo. “Apenas hay estudios y en los congresos no se habla de la sexualidad en el PaleolÃtico. Pero los primeros Homo sapiens que llegaron a Europa eran anatómica y cerebralmente iguales a nosotros, les gustaba lo mismo”, explica Marcos GarcÃa DÃez, coordinador de las cuevas prehistóricas de Cantabria para el Gobierno autonómico y uno de los comisarios de la exposición.
Un verdadero ‘kamasutra’
La muestra, llamada Sexo en piedra, aireará el kamasutra paleolÃtico: sexo con animales, trÃos, consoladores, voyeurismo, masturbación, sexo oral. Y, por fin de manera abierta, relaciones homosexuales. “PodrÃamos hablar de una homofobia hasta ahora, pero no me atrevo a entrar ahÔ, admite GarcÃa DÃez. “Si lo vinculamos a la etnografÃa, y miramos los grupos primitivos actuales, la homosexualidad existe, por supuesto. Y en el PaleolÃtico también existÃa, pero no se ha estudiado por una cuestión de mentalidad, porque llevamos siglos con la idea de la familia en la cabeza. Yo creo que dentro de 10 o 15 años se hablará de ello con naturalidad”, vaticina el prehistoriador.
La exposición abrirá sus puertas a finales de septiembre en la sede de la Fundación Atapuerca en Ibeas de Juarros (Burgos) y estará en marcha hasta enero de 2011. El padrino de la muestra es uno de los codirectores de los yacimientos burgaleses, Eudald Carbonell. “Me sorprende el silencio que rodea a la homosexualidad en el PaleolÃtico. Imagino que hay que atribuirlo a la cultura dominante, que es la judeocristiana”, opina.
El paleoantropólogo acaba de publicar El sexo social (editorial Now Books), un libro en el que analiza el papel del sexo en la evolución del ser humano. “En los mamÃferos y, en concreto, en los primates, se da la homosexualidad. Y nosotros hemos heredado toda la variabilidad del comportamiento sexual del género Homo”, expone Carbonell, director del Instituto Catalán de PaleoecologÃa Humana y Evolución Social. “No conozco ningún equipo cientÃfico en el mundo que trabaje de manera especÃfica en la sexualidad en el PaleolÃtico. Y es muy extraño, porque el sexo es fundamental en el comportamiento del Homo sapiens”, lamenta.
Los dos comisarios de la exposición, GarcÃa DÃez y el urólogo Javier Angulo, del hospital Universitario de Getafe, escribieron un libro en 2005 con el mismo tÃtulo que la muestra, Sexo en piedra. En sus páginas destacaba un bastón tallado hace 13.000 años en un asta de reno en la cueva francesa de Gorge d’Enfer. Posee una curiosa coronación: dos penes. Y hay muchas más piezas con morfologÃa fálica en otros yacimientos franceses y cantábricos. Su función es un enigma. “Son todo hipótesis”, explica Angulo. En un artÃculo publicado en 2006 en la revista Actas urológicas españolas, ambos autores comentaban que “de ningún modo todos los bastones de mando pueden ser interpretados exclusivamente como soportes para la masturbación femenina o para la práctica de sexo anal pero, por el contrario, se debe aceptar que la forma de alguno de ellos permitirÃa su uso en este tipo de prácticas sexuales”.
¿Ornamento o consolador?
El doble falo de Gorge d’Enfer mide 9,5 centÃmetros de ancho y 11,5 de alto, si se observa como si fuera una L. Si se confirmara que se utilizó como juguete sexual para dos mujeres, serÃa otra patada a la interpretación clásica y rancia de la sexualidad en el PaleolÃtico. Sin embargo, es imposible demostrarlo.
“Hablar de un doble dildo quizá sea rizar el rizo, aunque en el Museo Nacional de Prehistoria de Francia, en Dordoña, hay una colección de falos de entre 20 y 30 centÃmetros que sólo pudieron emplearse como decoración o como consolador”, interpreta Angulo.
Este médico especializado en prehistoria subraya que los arqueólogos son “demasiado descriptivos a veces”. Y pone un ejemplo muy ilustrativo: “Dicen que en un dibujo aparece un pene con una mano al lado y que salen rayas del glande. Y no interpretan nada más. Pues yo ahà veo una masturbación”.
Via: Manuel Ansede - publico.es
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