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Temístocles, de héroe a traidor

Posted By Historiador On Diciembre 18, 2010 @ 7:00 am In Grecia, Personajes | No Comments

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De orígen humilde, Temístocles se convirtió en el héroe de Atenas por su papel en la victoria griega contra los persas en Salamina, en el año 480 a.C. Poseedor de una gran ambición, transformósu ciudad en la primera potencia marítima del Egeo mediante la construcción de una poderosa flota y la ampliación del puerto del Pireo. Pero su creciente arrogancia le granjeó odios y envidias, y, acusado de traición, fue condenado al exilio. Al final acabó al servicio del Imperio persa, su viejo enemigo.

El general que derrotó a los persas en Salamina, en el año 480 a.C., hizo de Atenas la potencia hegemónica de Grecia merced a la construcción de una inmensa flota. Pero fue acusado de traición y acabó al servicio de Persia, su antiguo enemigo. La gran batalla naval de Salamina, en el año 480 a.C., significó la decisiva derrota del inmenso ejército persa con el que Jerjes había invadido Grecia. El gran rey vio destruida allí toda su flota y emprendió la retirada. Los restos de su ejército fueron aniquilados por los griegos meses después de la batalla de los llanos de Platea. Aquella gran victoria helénica iba a significar también el comienzo de la hegemonía que la democrática Atenas ejerció en el Egeo durante los decenios siguientes. El mérito indiscutible de aquella ardua victoria, contra una flota enemiga muy superior, se debió fundamentalmente a la previsión estratégica y la astucia de un genial político ateniense: Temístocles. Conviene recordarlo como una de las figuras que con su actuación personal decidieron el curso de la historia de Atenas, de Grecia y del mundo antiguo. A pesar de su origen humilde, ya desde muy joven, Temístocles se abrió camino gracias a su carácter impetuoso, su ambición y su total dedicación a la política.

Por su empeñado amor a la ciudad y su terca vehemencia, pronto logró liderar la opinión del demos, el pueblo. Su actitud resuelta le enemistó con los aristócratas conservadores -como Milcíades, vencedor de los persas en Maratón- y logró imponerse entre los oradores más populares, sosteniendo la tesis de que Atenas, entonces en guerra contra la cercana isla de Egina, debía desarrollar a toda costa su poderío naval. Con su tenaz empeño, en 482 a.C. Temístocles logró el apoyo del pueblo para exiliar a su más destacado opositor, Arístides, llamado el Justo, mediante el ostracismo -la misma condena que, irónicamente, recaería sobre él unos diez años más tarde-. En pocos años transformó la vieja Atenas, situada de espaldas al mar, enla primera potencia marítima del Egeo. En lugar de repartirse entre todos el producto de las prósperas minas de Laurion, donde se descubrió un nuevo y rico filón en el año 483 a.C., los ciudadanos decidieron, a petición de Temístocles, invertir el dinero en la construcción de una flota de doscientos navíos para defender Atenas.

Temístocles mostró de nuevo su firme convicción en el poderío naval ateniense en el año 480 a.C., cuando, al saber del avance del incontenible ejército de Jerjes, tomó una decisión arriesgada y, sin duda, impopular: abandonar la defensa de Atenas, que juzgaba imposible ante la amenaza persa. Tras un fracasado intento de detener el avance de la armada persa, que contaba con más de mil navíos, en el cabo Artemisio, frente a la costa norte de Eubea, la flota griega se retiró, esperando el combate decisivo frente a la isla de Salamina, en las costas vecinas del Ática. Temístocles actuó con astucia para provocar el ataque persa con una audaz y engañosa maniobra: envió a Jerjes, a través de un supuesto desertor y espía, el aviso de que algunos barcos griegos intentarían fugarse y, en tal caso, perdería la ocasión de vencer a toda la flota griega en un único combate.

Jerjes cayó en la trampa, envió a toda prisa su flota a aquellos estrechos y allí fueron hundidos sus numerosos barcos, y muertos miles de combatientes persas y fenicios. Sin embargo, en la Atenas que había rechazado gloriosamente a los persas eran muchos los que guardaban rencor a Temístocles por las penurias soportadas durante la guerra bajo su férreo mando. Así que también contra él funcionó el ostracismo y, por votación popular, fue enviado al exilio por diez años, en 471 a.C. En Atenas fue juzgado en ausencia acusado de medismo (simpatías hacia los persas) y condenado a muerte, y se le confiscaron todos sus bienes. Víctima de tan tremendo abuso judicial, Temístocles se vio obligado a huir, buscando protección cada vez más lejos, hasta que, finalmente decidió solicitar amparo al mismo rey de Persia. Esta aventura final dice, desde luego, mucho de la capacidad para la intriga y la temeridad del astuto ateniense. En Magnesia murió hacia el año 459 a.C., a los 65 años, tal vez por enfermedad, como dice Tucídides, o acaso, según cuenta otra versión, que recoge Plutarco, suicidándose con veneno. La vida de Temístocles posee un cierto tono trágico, con su ascenso y su momento de gloria en Salamina, y luego su caída, su exilio y su muerte oscura.

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