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Tiro, la reina de las ciudades fenicias

Posted By NuriaB On Diciembre 14, 2010 @ 7:00 am In Fenicios | No Comments

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Tiro, en la actual costa del Líbano, se convirtió en la más próspera de las ciudades fenicias, codiciada por los grandes imperios de la región. Pero ninguno pudo doblegar su afán de independencia.

Todos los imperios del Próximo Oriente codiciaron la más prestigiosa y opulenta ciudad fenicia, pero ninguna guerra pudo torcer su poder marítimo ni su vocación mercantil. Hasta la conquista de Tiro por parte de Nabucodonosor II, rey de Babilonia, en el siglo IV a.C., y durante cuatrocientos años, por su puerto fluyó la mayor parte de materias primas (cobre, estaño) y productos de lujo (desde tallas de marfil hasta piezas de vidrio) que intercambiaron Oriente y Occidente. Cuando Tiro cayó en manos de Nabucodonosor hacía dos milenios que el lugar estaba habitado. Había sobrevivido a los cambios provocados por las migraciones de los Pueblos del Mar, que en el siglo XII a.C. cambiaron radicalmente el mapa político de Oriente Próximo. No sólo perduró, sino que atrajo a pobladores de Sidón, otra ciudad fenicia ubicada a 40 kilómetros al sur.

Aunque la Tiro actual se extiende sobre una península situada cerca de la desembocadura del río Litani, en el actual Líbano, originalmente se asentó en una isla formada por dos grandes rocas que, según la leyenda acuñada durante el reinado de Hiram I, se unieron gracias a las raíces de un olivo sagrado. Su ubicación facilitaba su defensa, como pudieron experimentar en diferentes épocas ejércitos tan poderosos como el asirio, el babilónico o el macedonio. En el siglo I a.C., cuando Plinio el Viejo la describió en su Historia Natural, su perímetro medía 22 estadios, unos cuatro kilómetros, y abarcaba una superficie de 53 hectáreas en la que se apiñaban cerca de 30.000 personas. El núcleo originario de Tiro se encontraba, no obstante, en tierra firme. Todos los alimentos que en ella se consumían procedían de tierra firme -incluida el agua, que se transportaba en botes desde la costa hasta que Hiram I construyó las primeras cisternas-. El poder de Tiro se consolidó a principios del siglo X a.C. Fue la época en que Hiram I, rey de Tiro, impuso su hegemonía en el comercio del Próximo Oriente a las otras ciudades fenicias, entre lasque destacaban Sidón y Biblos. En el auge de Tiro tuvo especial influencia la alianza con Salomón, rey de Israel.

Éste era un país esencialmente agrícola, que proporcionaría a Tiro productos básicos, principalmente cereales, así como provisiones más sofisticadas para el consumo de la casa real, además de plata. El acuerdo entre ambos países permitía a Tiro acceder a las rutas que conducían a Mesopotamia y Arabia, y creaba una asociación comercial o hubur con Israel para alcanzar los mercados de Oriente a través del mar Rojo. Las naves fenicias regresaban cada tres años cargadas con productos de lujo como oro, plata, marfil y piedras preciosas, y de esta forma rompieron el control absoluto que Egipto había ejercido durante dos mil años sobre el comercio en el mar Rojo. Fue Itobaal I quien, en el siglo IX a.C., completó la gran expansión de Tiro. Controló Sidón y creó un único Estado que perduró hasta finales del siglo VIII a.C., por lo que recibió el título de «rey de los sidonios». Además, aumentó su poder sobre Chipre y la costa de Siria, e influyó en Israel mediante el matrimonio de su hija Jezabel con el rey Ahab. Con el tiempo, los beneficios de Tiro disminuyeron, y la ciudad tuvo que poner sus ojos primero en el Egeo y más tarde en el Mediterráneo central y occidental. A finales del siglo VIII a.C., el rey Luli de Tiro se enfrentó a Asiria.

El monarca asirio Salmanasar V sometió la ciudad a un terrible asedio durante cuatro años (724-720 a.C.), aunque fue Senaquerib quien acabó por dominarla en 701 a.C. Si rápido fue el ascenso de Tiro, y esplendoroso su cenit, la caída no resultó menos espectacular. Nabucodonosor II, soberano de Babilonia, acometió a principios del siglo IV a.C. la conquista del vasto territorio comprendido entre Mesopotamia y el Mediterráneo, y tras adueñarse de Nínive, Damasco y Jerusalén puso cerco a Tiro en el año 585 a.C. El asedio se prolongó trece años, hasta que la urbe cayó en 572 a.C.

Via: [1] historiang.com


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