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La batalla de Azincourt

Posted By Historiador On Noviembre 14, 2010 @ 7:00 am In Personajes | No Comments

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En 1415, contra todo pronóstico, Enrique V de Inglaterra, al frente de un ejército agotado y desesperado, venció a la flor y nata de la caballería francesa, muy superior en número.

El 25 de octubre de 1415, junto a la aldea de Azincourt, un ejército de ingleses agotados y desesperados venció a la poderosa caballería francesa en una sangrienta batalla. Desde que accedió al trono en 1413, Enrique V se había propuesto recuperar las posesiones inglesas perdidas en décadas anteriores, e incluso hacer efectivos sus derechos a la corona de Francia. Inicialmente intentó alcanzar una solución por vía diplomática y negoció su matrimonio con Catalina de Valois, hija de Carlos VI, rey de Francia. Pero las negociaciones no dieron resultado y el monarca inglés se preparó para la guerra. El 16 de junio de 1415, Enrique V salió de Londres hacia Southampton para embarcar con su ejército.

Una embajada francesa intentó llegar a un acuerdo, pero Enrique rechazó la negociación, y el 11 de agosto los barcos ingleses zarparon hacia las costas de Francia con 12.000 guerreros y 78 artilleros, además de un gran número de civiles que acompañaban a las tropas: médicos, juglares, clérigos, carpinteros, sirvientes… Dos días después, tras cruzar el canal de la Mancha, el ejército desembarcó en Normandía, frente a las murallas de Harfleur, que se convirtió en el primer objetivo de la invasión. La toma de la ciudad requirió más tiempo y esfuerzo de lo previsto, pero el peor enemigo de los ingleses fue la disentería, una enfermedad infecciosa que provoca dolores abdominales, fiebres y cólicos.

El 24 de octubre, Enrique V formó sus tropas frente a las francesas, y ambos ejércitos permanecieron en una tensa calma hasta que, al atardecer, el condestable D’Albret y el mariscal Boucicaut, los comandantes franceses, decidieron romper filas y retirarse a sus campamentos. Los ingleses permanecieron en formación hasta que se hizo la oscuridad. La ventaja numérica de los franceses era aterradora. Y así llegó el amanecer del día 25 de octubre. Fue su rey quien les dio la confianza y la fuerza que necesitaban. Enrique V apareció ante ellos, a lomos de un caballo gris. Sobre la armadurallevaba una sobreveste bordada con las armas de Inglaterra -tres leones dorados sobre fondo rojo- y las de Francia -flores de lis doradas sobre fondo azul-. En su yelmo lucía una corona de oro adornada con una flor de lis, en referencia a su pretensión al trono de Francia. Cabalgando entre sus tropas, Enrique les recordó la justicia de su causa y la necesidad de luchar unidos. Enrique cumplió con una última formalidad: envió a sus heraldos al centro del campo de batalla para que se entrevistaran con los heraldos franceses sobre un posible acuerdo que, como era de esperar, no se alcanzó. La batalla debía comenzar.

Como los franceses no se decidían a atacar, Enrique V ordenó avanzar a su ejército hasta colocarse en posición de combate, protegido por las estacas que portaban los arqueros, quienes, para evitar que la caballería los rodease, se apostaron junto a los bosques que delimitaban el campo de batalla. Inmediatamente, una densa lluvia de flechas lanzadas por los arqueros de Enrique oscureció el cielo de Azincourt, lo que indujo a los franceses a cargar. El gran número de combatientes franceses hacía que, dadas las dimensiones del campo de batalla, se apelotonasen unos contra otros, sin espacio para maniobrar, al tiempo que eran masacrados por un diluvio de flechas. Los arqueros ingleses abandonaron sus arcos y se lanzaron al combate con espadas, dagas y los mazos de plomo que habían empleado para clavar las estacas, mientras que las pesadas armaduras de los caballeros franceses dificultaban sus movimientos. La batalla llegó a su fin. Los heraldos franceses confirmaron la victoria del ejército inglés y la justicia de la causa de su rey. Azincourt legitimó a Enrique V como rey de Inglaterra, pero no le dio la corona de Francia. Sin embargo, cinco años después, en 1420, firmó el tratado de Troyes, por el que Carlos VI de Francia le entregaba en matrimonio a su hija Catalina y le reconocía como heredero al trono.

Via: [1] historiang.com


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