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Francisco Pizarro, el conquistador del Perú

Posted By Historiador On Octubre 23, 2010 @ 7:00 am In Personajes | 1 Comment

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Con poco más de un centenar de hombres, Francisco Pizarro se lanzó en 1530 a la conquista del gran Imperio inca, cuya explotación convirtió en un lucrativo negocio para su linaje familiar.

Con apenas unos centenares de hombres, Francisco Pizarro logró conquistar el poderoso Imperio inca para la Corona española. Sus métodos implacables marcarían para siempre la historia del Perú. Iletrado, soldado de fortuna, conquistador del legendario «Pirú», su época fue la del mítico «país de la Canela» (la soñada tierra de las especias que muchos buscaron en América), el tiempo de personajes excéntricos como Pedrarias Dávila y Lope de Aguirre. Francisco Pizarro, nacido en Trujillo (Cáceres) hacia 1478, fue, efectivamente, hijo natural del joven hidalgo Gonzalo Pizarro y de una criada llamada Francisca González. El joven Francisco, aunque nunca fue reconocido por su padre, se crió en el entorno hidalgo de su abuelo paterno, quien, como muchos pequeños nobles, se dedicaba, y de modo muy rentable, a la cría de cerdos. Esa actividad también fue la causa del temprano abandono de Trujillo por parte de Pizarro.

Una epizootia acabó con todos sus animales y arruinó el negocio, por lo que Pizarro se vio obligado a buscar fortuna en otras latitudes. Marchó primero hacia las guerras de Italia, para trasladarse más tarde a Sevilla, la puerta del Nuevo Mundo, el continente descubierto por Colón en 1492. En 1502, Pizarro ya estaba en la isla de La Española. En ese tiempo, los españoles estaban empezando a ir más allá de las islas del Caribe y a buscar puntos de apoyo en el continente, en la denominada Tierra Firme. Pizarro se enroló en distintas expediciones de descubrimiento y conquista. Tenía entonces 41 años y, a lo largo de casi dos décadas de brega incesante por mar y tierra, se había labrado una fama y una fortuna propias. Disfrutaba de las primeras gratificaciones, en forma de una encomienda de indios -obligados a pagar una tasa o realizar trabajos para su señor-, un solar y un cargo en el cabildo (el concejo municipal) de la ciudad de Panamá. Pero su sueño era dirigirse hacia el sur, al litoral de América del Sur, de donde llegaban noticias sobre la existencia de un imperio mítico, el Birú o el Pirú, en el que el oro abundaba como una cosa vil.

Eran las tierras donde se suponía que nacía el río Orinoco, que Colón había considerado que bajaba del Paraíso Terrenal y cuyo curso algunos habían remontado infructuosamente en busca de la fuente de la juventud eterna. La expedición a la conquista del sur partió en 1530 desde Panamá. A finales de 1532, los Pizarro y sus hombres se dirigieron a Cajamarca, donde los rumores situaban al emperador inca, Atahualpa. El aumento de los episodios de resistencia indígena y las luchas internas entre los españoles por el reparto del botín convirtieron a Atahualpa en una víctima propiciatoria. Acusado de traición, fue ajusticiado el 26 de julio de 1533. Los españoles, comenzando por el mismo Pizarro, se repartieron sin tardar las esposas y las parientes del emperador inca, y sin mayores dilaciones emprendieron la conquista militar del Imperio, comenzando por el Cusco. La conquista del Perú por los españoles fue un ejemplo consumado de la ineficacia de las armas de la Edad de Piedra, las únicas que conocían los indígenas, contra el armamento de la Edad del Hierro de los invasores.

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