Luis XIV, la toma del poder
30 Septiembre, 2010 on 7:00 am | En Personajes |

Rey de Francia a los trece años, Luis XIV nunca olvidó una infancia marcada por revueltas, intrigas y desaires. AsÃ, tras la muerte de su madre, Ana de Austria, y del cardenal Mazarino, en 1661 asumió todo el poder y proclamó: «el Estado soy yo».
A los 13 años era ya rey de Francia de pleno derecho. Pero fue una década después, en 1661, cuando Luis XIV tomó las riendas del gobierno y proclamó: «El Estado soy yo». A los 23 años, Luis llevaba diez actuando como soberano, pero siempre a la sombra de su madre, Ana de Austria, y del favorito de ésta, el cardenal Mazarino. Hasta entonces no habà adestacado más que por su gusto por el boato y sus devaneos amorosos, y no habÃa mostrado un excesivo interés por los asuntos polÃticos. El anuncio de 1661 no fue simplemente un buen propósito de un dÃa, sino que inauguró un largo reinado en el que el rey ejerció una autoridad personal indiscutida y llegó a ser admirado y temido a partes iguales en Francia y en toda Europa.
La Fronda, la guerra civil que asoló Francia entre 1648 y 1653, marcó profundamente la mentalidad de Luis XIV. El mayor trauma para el joven fue ver cómo la autoridad real y el prestigio de la monarquÃa eran arrastrados por el fango. Mazarino, vÃctima del odio general por su condición de extranjero y su avaricia, se vio obligado a dejar el paÃs en 1651. La madre del rey, Ana de Austria, de origen español, tampoco se libró de crÃticas ofensivas en la infinidad de panfletos que circularon por el paÃs. El recuerdo de aquellas ofensas a su dignidad de monarca y el espectáculo de ver a los franceses luchando entre sà quedaron grabados en el recuerdo de Luis XIV. Ahà nació su empeño por imponer la unidad y cohesión de Francia en los años posteriores. El deseo de evitar una nueva Fronda fue lo que lo llevó a alejar a la nobleza de los asuntos de Estado y asumir el gobierno en solitario. Para resguardarse del torbellino popular parisino, Luis XIV decidió buscar una residencia lo más alejada de ParÃs: Versalles.
A continuación solicitó el regreso de Mazarino, y éste se convirtió en su maestro en el arte de gobernar. Y fue el propio cardenal Mazarino quien alentó la pasión amorosa de Luis XIV, a través de sus tres bellas sobrinas, las hermanas Mancini, que habÃaacogido en su casa. Su gran amor de juventud fue MarÃa Mancini. Pero a pesar de estar perdidamente enamorado, el joven tuvo que renunciar a ella para casarse con la infanta MarÃa Teresa de Austria, hija del rey Felipe IV de España. Se trataba de un enlace por conveniencia cuya preparación habÃa exigido arduas negociaciones diplomáticas con las que se querÃa consagrar la paz entre España y Francia.
Tuvieron seis hijos, aunque sólo el primero llegarÃa a la edad adulta. Cuando murió Mazarino, el 8 de marzo de 1661, Luis XIV decidió que todo pasarÃa por sus manos, nada escaparÃa a su control personal. En lo sucesivo, Luis XIV no dejarÃa que nadie, ni en Francia ni en el extranjero, eclipsara su gloria. Entonces emprendió el gran proyecto artÃstico de su reinado: el palacio de Versalles. En pocos años, gracias al trabajo de miles de hombres en penosas condiciones a causa de la insalubridad del lugar, Luis lo transformó en un palacio pensado para impresionar al mundo, con sus jardines, estatuas, colecciones de pintura y esplendorosas fiestas.
Via: historiang.com
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