Primeras noticias del exterminio
13 November, 2009 on 7:08 am | En II Guerra Mundial, Libros, Personajes |

Galaxia Gutenberg publica las crónicas de Vasili Grossman, inéditas en castellano, sobre la Segunda Guerra Mundial en Rusia
“En los campos de trabajo de Polonia, las SS actuaban como si se tratara de cultivar coliflores o patatas”, escribió Vasili Grossman (Berdichev, 1905-Moscú, 1964) en su artÃculo El infierno de Treblinka, publicado en noviembre de 1944 y que luego fue citado en el Tribunal de Núremberg. Poco antes habÃa anotado que “sobriedad, tesón y una limpieza extremada son buenas cualidades tÃpicas de muchos alemanes”. Lo que venÃa después era una descripción exacta, que pone los pelos de punta, de cómo funcionó la maquinaria de destrucción del campo de Treblinka.
Vasili Grossman habÃa llegado allà junto a las tropas soviéticas en julio de ese mismo año. “Su reconstrucción fue tan precisa, con tal lujo de detalles y tan minuciosa porque pudo estar presente en los interrogatorios que hicieron los oficiales rusos a cuantos habÃan sobrevivido, fueran vÃctimas o verdugos; con todo ese material pudo elaborar una descripción de primera mano de lo fue el horror”, explica Antony Beevor, que acaba de publicar, junto a Luba Vinogradova, Un escritor en guerra. Vasili Grossman en el Ejército Rojo, 1941-1945 (CrÃtica), la edición de los cuadernos de notas que el escritor ruso redactó durante la II Guerra Mundial mientras acompañaba al Ejército soviético. Beevor los descubrió cuando preparaba su libro sobre la batalla de Stalingrado en el Archivo Estatal Ruso de Literatura y Artes. “Nadie sabÃa que se habÃan conservado, ni cómo llegaron allÃ, ni cómo sobrevivieron a las pesquisas de la eficaz investigación de los servicios secretos de Stalin”.
El texto sobre Treblinka lo elaboró Grossman a partir de las notas de sus cuadernos. Los empezó el 5 de agosto de 1941 cuando partió hacia el frente por orden del general David Ortenberg, director de Estrella Roja, el periódico oficial del Ejército Rojo que era también leÃdo con avidez por la población civil. No tarda en contar de la fiereza de los alemanes cuando atacan borrachos, de las bombas que lanzan los Junkers, del pavor que se desencadena cuando se escucha la presencia de los Messerschmidts. Apunta: “La imagen de Gomel ardiendo en los ojos de una vaca herida” y también que “un piloto escapó atravesando las lÃneas enemigas en ropa interior, sin soltar su revólver”, o que el cohete que se le escapó a un joven recluta “alcanzó al jefe del Estado Mayor en el trasero”. Su balance pocos dÃas después de ver lo que ocurre en primera lÃnea es rotundo: “¡SÃ, ha comenzado un tiempo despiadado, un tiempo de plomo!”.
Cuando la temible Wehrmacht, el Ejército de Hitler, invadió Rusia el 22 de junio de 1941, Vasili Grossman se presentó inmediatamente para alistarse como voluntario en las tropas soviéticas. TenÃa 35 años, pero lo consideraron inútil para cualquier tarea militar. HabÃa nacido en la ciudad ucrania de Berdichev, en el seno de una familia judÃa. Sus padres se separaron, asà que vivió una infancia que lo llevó de un lado a otro. Estudió quÃmica, se casó y tuvo una hija, se separó. Trabajó como ingeniero en una mina. Lo dejó pronto para dedicarse a escribir. Publicó dos novelas siguiendo los patrones del realismo socialista y uno de sus cuentos fue elogiado por Bulgakov y Gorki, dos de los grandes referentes de la literatura rusa de entonces.
La posibilidad de cubrir lo que ocurrÃa en el Ejército Rojo para publicarlo en su periódico oficial lo salvó de la crisis en que la que cayó cuando lo rechazaron como combatiente. Asà que salió para el Frente Central. Vivió el bombardeo de Gomel, la larga huida de Orel cuando se acercaron las tropas alemanas, el cerco de Kiev, el frente de Briansk. Estuvo con el 50º Ejército, que mandaba un general que habÃa estado en la Guerra Civil española: “Petrov grita palabras españolas que suenan fuera de lugar aquÃ, bajo este cielo de otoño, sobre este suelo húmedo”, anotó en sus cuadernos.
“Stalingrado ha ardido. TendrÃa que escribir mucho para describirlo. Stalingrado ha sido incendiada. Stalingrado está en cenizas. Está muerta. La gente está en los sótanos. Todo ha ardido”, escribió Grossman cuando le tocó contar que “la guerra ha llegado al Volga”. CorrÃa el año 1942 y muchas de las notas que tomó entonces le sirvieron para construir sus novelas, como la célebre Vida y destino, que pasa por ser una de las piezas más brillantes sobre el estalinismo.
“Con el paso del tiempo, aquel hombre desgarbado que habÃa sido rechazado como soldado se convirtió en un tipo fornido, que aguantó todas las penalidades de la guerra y en el que coincidÃan, cosa muy rara, la valentÃa fÃsica con la valentÃa moral”, comenta Beevor. “Contó cuanto habÃa visto, incluso la violencia y la brutalidad con la que trataron los soldados soviéticos a las mujeres alemanas en su avance hacia BerlÃn. Fueron tan salvajes algunas violaciones que algunas notas, que finalmente no se han incluido, eran pura pornografÃa y ofensivas para cualquier mujer”.
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