1944: Operación Reconquista de España
21 October, 2009 on 7:45 am | En Guerra Civil, Historia de España |

Un superviviente relata el descabellado intento de derrocar a Franco en 1944
El pasado lunes se cumplió 65 años de una misión tan descabellada que ha pasado casi desapercibida. Recibió el ambicioso nombre de Operación Reconquista de España, reunió a cerca de 4.000 hombres muy motivados y mal preparados y consistió en el intento de invasión del paÃs desde Francia para derrocar a Franco y devolverle el Gobierno a Juan NegrÃn. Fue un desastre. Murieron más de 50 maquis y al menos 30 miembros de las fuerzas franquistas. Y nunca más volverÃa a intentarse. Santiago Carrillo cuenta en sus memorias que él mismo dio la orden de asumir el fracaso y retirarse.
El grueso de los guerrilleros lo componÃan militantes del Partido Comunista que habÃan luchado en la Guerra Civil y que, tras huir a Francia, se habÃan unido a la lucha contra los nazis. “El PC esperaba que los aliados de la Segunda Guerra Mundial les ayudaran a derribar a Franco, pero no fue asÔ, cuenta el ex militar e historiador Fernando MartÃn Baños, autor de una tesis sobre la operación (Hasta su total aniquilación. Editorial Almena). “Esperaban que se les uniera la población y se sublevase contra Franco”, añade el historiador Julián Casanova, “pero habÃan pasado cinco años de terror y muy poca gente estaba dispuesta a hacer heroicidades”.
La operación duró una semana. “Ha estado tanto tiempo silenciada porque ni a Franco le interesó que se supiera ni al PC asumir un fracaso tan grande”, explica MartÃn Baños.
Entre aquellos 4.000 hombres que venÃan de perder la Guerra Civil habÃa también despistados. Es el caso de César RodrÃguez y JoaquÃn Suárez León, dos jóvenes que no llegaban a los 20 años y que acabaron en 1944 disparando una ametralladora en un pueblecito de Lleida después de haber escapado de la fábrica alemana de armamento nazi a la que habÃan ido a trabajar para enviar dinero a casa.
“HacÃamos los tanques Tigre para los nazis, pero pasábamos tanta hambre, tanto frÃo y tanto miedo con los bombardeos que decidimos escaparnos y regresar a España. Tuvimos la suerte de que bombardearon el tren en el que Ãbamos y nos libramos del control. Luego seguimos a pie, hasta que llegamos a Dijon (Francia)”, cuenta César, de 84 años, desde Almuñécar (Granada).
Allà encontraron a una chica “muy guapa y de lo más simpática” que les llevó a su casa y les dio de comer. “Nunca pensé que ella era un enlace de las Fuerzas Francesas del Interior”, confiesa César. “Nos hicimos novios y ella lo arregló todo para incorporarnos a estas fuerzas llamadas maquis”.
Fue el principio de aquella aventura descabellada. JoaquÃn y César fueron conducidos a una brigada de guerrilleros españoles que los encerraron en un cuarto y les observaron con suspicacia. “Pensamos que nos iban a fusilar”, recuerda César. Cuando sólo les propusieron unirse a su lucha, respiraron aliviados y aceptaron. Su primera tarea consistió en “buscar a los nazis que trataban de escapar para España y hacerlos prisioneros”. En sus memorias, César describe asà aquellos dÃas: “Pasábamos el tiempo haciendo recorridos en busca de alemanes. Los aviones americanos les perseguÃan ametrallándolos en su retirada y ellos incendiaban casas de campesinos en su huida. Era dantesco”.
Hasta que una mañana les reunió un oficial para hablarles de la Operación Reconquista. “Nos dijo que éramos la salvación de la patria, que los españoles estaban hartos del fascismo y que nos recibirÃan como héroes. Aquella arenga nos llegó al alma. Ahora lo pienso y me rÃo. No es que no nos negáramos, ¡es que no hicimos una pregunta! Mandaban la brigada dos hermanos muy valientes pero sin idea de tácticas militares”, cuenta César. Recibió una ametralladora “de las que los americanos lanzaban en paracaÃdas” y dos cintas de balas. “Eso eran cinco minutos de disparos”, aclara. 300 segundos de munición para reconquistar España.
“Cruzamos el Pirineo con un petate que pesaba unos 50 kilos. Nos dijeron que estaba prohibido tirar una sola bala, que si querÃamos deshacernos de algo de peso, tiráramos la ropa o la comida. Y asà lo hicimos”, cuenta César. En sus memorias añade: “Con el tiempo y mirando mapas vi la odisea en la que nos metieron. En la despedida con estos famosos oficiales se cantó la Internacional con el puño en alto. Fue donde supe que éramos comunistas”.
Semanarios como Lucha llevaban tiempo arengando a sus guerrilleros a levantarse contra “Franco y los falangistas recalcitrantes” con textos ingenuos en los que se leÃa: “Los unos y los otros (…) Muchos españoles han sido engañados y creyendo defender a la verdadera patria han luchado al lado de Franco. Tienen tiempo a rectificar”. Asà que cuando llegaron a Alins (Lleida) los franquistas les estaban esperando.
La noche antes de entrar en combate, César y JoaquÃn se prometieron que si alguno de los dos morÃa, el otro avisarÃa a la familia. JoaquÃn fue la primera vÃctima en Alins. “Iba en el primer pelotón. Cuando lo vi, tenÃa tres balazos y las vendas en las manos pues se ve que habÃa intentado taponarse las heridas”, cuenta César. En sus memorias escribió: “En esos momentos no sé si tuve tristeza. Era como una pelÃcula todo lo que nos estaba pasando”. Lograron tomar aquel pueblo durante unas horas. “Los franquistas debieron pensar que éramos más y pidieron refuerzos. Hicimos salir al alcalde y salió llorando de miedo. Mataron una vaca y un carnero para que comiéramos, y justo cuando estaba lista la comida, empezaron a llover los tiros”.
César huyó en el caballo de un general franquista. Al llegar a Tor, un pueblo cercano, vio que sus compañeros habÃan incendiado un cuartel de la Guardia Civil con los agentes dentro. “HabÃa muertos de los nuestros con granadas en los correajes y los aldeanos nos pidieron que se las quitáramos porque les daba miedo tocarlos”, recuerda. Con otro compañero intentaron deshacer el camino andado por la montaña. Y empezó a nevar. “Al que le dé sueño y cierre los ojos, muere”, le dijo otro guerrillero. “Al regresar al punto de partida, en Francia, nos recibieron como cobardes”. César durmió 24 horas seguidas. Al despertar “eché en falta a JoaquÃn”.
“Nunca cumplà mi promesa”, cuenta con remordimientos. Ha subrayado esta frase en sus memorias. El miedo y los años de huida que todavÃa le esperaban le impidieron contactar con la familia de su amigo. Hasta que en mayo de este año, casi 65 años después, y gracias a un amigo investigador, Jesús Eduardo Sánchez, localizaron en el Archivo General de la Administración las cartas que la madre de JoaquÃn, desesperada al no saber de su hijo, habÃa escrito al Consulado alemán, e incluso al Papa. Y su dirección. “Mi abuela, la madre de JoaquÃn, murió hace 29 años. Casi se volvió loca de buscarle y aquella pena nos la pasó a todos”, cuenta Irene Cuevas, sin poder contener las lágrimas. “JoaquÃn se habÃa ido a Alemania para mandar dinero a casa. Falsificó la firma de sus padres porque era menor y cuando mi abuela le veÃa los papeles para irse se los rompÃa. Todo el dinero que le envió a mi abuela sigue en la misma cuenta. Ella nunca quiso tocarlo por si él volvÃa. Y pensar que este hombre sabÃa que JoaquÃn estaba muerto…”, se lamenta.
Conmocionados por la noticia, las tres hermanas de JoaquÃn y sus sobrinos acudieron recientemente a la iglesia de Alins, el lugar donde César les dijo que estaba enterrado JoaquÃn. “Pero los restos fueron trasladados al cementerio municipal hace tiempo y ahora es muy difÃcil averiguar si está allÔ, cuenta Irene. “Mi abuela murió con la esperanza de que seguÃa vivo. Estaba convencida de que habÃa perdido la memoria y vagaba por ahà sin saber quién era. Cuando veÃa a un mendigo por la calle, lo seguÃa para ver si era su hijo. Si lo hubiéramos sabido antes, ¡nos habrÃa ahorrado tanto sufrimiento!”.
A sus 84 años, a César le pesa no haber cumplido su promesa. Perdió la dirección de JoaquÃn tras arrojar al mar la documentación que llevaba antes de ser interrogado por la policÃa secreta. Después, se fue a Venezuela, donde levantó tres constructoras y regresó a España con 82 años y miedo a los secuestros. “No supe por dónde buscar. Tuve miedo. Pero nunca dejé de pensar en él”.
Via: elpais.com
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