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Lutero, la llama de la Reforma

Posted By Historiador On Mayo 25, 2009 @ 7:47 am In Actualidad, Historia Religión | No Comments

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En 1517, en la turbulenta Europa del Renacimiento, un humilde monje alemán, Martín Lutero, hizo oír su voz contra la corrupción de la Iglesia. En su búsqueda de una nueva forma de vivir la fe arrastró tras de sí tanto al pueblo llano como a los poderosos.

En su empeño por reformar el cristianismo, Lutero desafío al Papado y al Imperio. Pero cuando sus seguidores más radicales propugnaron la revolución social, invitó a reprimirlos sin contemplaciones. En 1505, cuando Martín Lutero contaba con 21 años, un incidente cambió totalmente su vida. Regresaba de una visita a casa de sus padres en Mansfeld cuando se vio sorprendido por un terrible temporal. Un rayo estuvo a punto de alcanzarle, y Lutero, atemorizado, prometió a santa Ana que se haría monje si lo libraba del peligro. Pocos días después cumplía su promesa e ingresaba en el monasterio agustino de Erfurt. El joven monje destacó rápidamente por su brillantez en los estudios teológicos, así como por su minuciosa y recta observancia de las estrictas reglas de la vida monástica.

Tras ingresar en la orden de los agustinos, Lutero llevó una vida ejemplar como monje, pero volvió de un viaje a Roma escandalizado por la corrupción de la iglesia. No fue hasta el 31 de octubre de 1516 cuando Lutero arremetió por primera vez, durante una predicación, contra las indulgencias, la remisión de las penas de los pecadores a cambio de una donación a la Iglesia. Para Lutero, las indulgencias alejaban a los creyentes de las verdaderas fuentes de salvación. Un año después redactó sus famosas ’95 tesis sobre la virtud de las indulgencias’, con el propósito de recuperar las enseñanzas que la Iglesia ya había defendido en otros tiempos: que ninguna compra de indulgencia sirve para redimir los pecados, pues sólo Dios puede perdonar las culpas a los fieles arrepentidos. De inmediato se le ordenó desde la curia pontificia que se retractara, a lo que se negó. Lutero defendía que la Iglesia no precisaba de ningún poder terrenal y que no descansaba sobre los cimientos del Papado sino sobre los de la fe en Cristo.

El 3 de enero de 1512 el Papado promulgó la bula ‘Decet Romanum Pontificem’, por la que Lutero y todos sus partidarios eran excomulgados. Al dejar Worms, donde el emperador Carlos V convocó al díscolo monje ante la Dieta, fue acusado de herejía y se escondió en el castillo de Wartburg, protegido por Federico de Sajonia. Entretanto, las palabras y los escritos de Lutero inundaron y sacudieron la sociedad alemana. Las tesis de Lutero alentaron a reformadores radicales, como los anabaptistas, que profetizaban el retorno de Cristo y defendían la destrucción de las imágenes de las iglesias. Los vientos de igualdad y justicia social de la reforma luterana soplaron sobre una sociedad rural que pedía a gritos la libertad. Pero cuando en 1525 los campesinos de Alemania se alzaron en armas contra los señores feudales, Lutero declaró: «Nada hay más venenoso y endiablado que un revolucionario». Lutero atacó de raíz las aspiraciones campesinas de igualdad social, señalando que «el bautismo no hace a nadie ni a nada libre en cuerpo ni en propiedad, sino en el alma».


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