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El califato de Córdoba

Posted By Historiador On Abril 8, 2009 @ 7:46 am In Arqueología, Actualidad, Islam, Historia de España | No Comments

El califato de Córdoba - imperioromano.com

En el año 929, tras acabar con todas las revueltas contra la autoridad de los gobernantes de Córdoba, Abderramán III se proclamó califa y tomó el título de al-Nasir, el Victorioso. Con él, al-Andalus se convirtió en el más poderoso Estado peninsular. Al proclamarse califa, Abderramán III estaba reclamando, como representante de Dios en la tierra, la dirección espiritual de todos los musulmanes del orbe. Lo hacía en competencia con los califas abbasíes de Bagdad, responsables de la desaparición de los omeyas de Damasco a mediados del siglo VIII y enemigos declarados de sus descendientes andalusíes. Sin embargo, los verdaderos enemigos de Abderramán III eran los fatimíes, unos soberanos que acababan de ocupar los territorios del actual Túnez y que anunciaban el advenimiento de una nueva era. Al adoptar el título califal y el apodo de al-Nasir, «el Victorioso», Abderramán III mostraba su disposición a aceptar el reto planteado por los fatimíes. Ostentar el califato no era para él una cuestión de genealogía -como presumían los fatimíes-, sino de merecimiento, puesto que Dios había depositado su confianza en los omeyas. De este modo, Abderramán III, dos años después de proclamarse califa, decidió atacar a los fatimíes, con lo que inició una larga secuencia de enfrentamientos con los califas fatimíes en el Magreb durante las décadas siguientes. La propia evolución de la sociedad andalusí también respaldaba su decisión. Transcurridos dos siglos desde la conquista de 711, al-Andalus era un territorio con mayoría de población muslumana, sobre la que el califa ejercía su autoridad espiritual y terrenal. Tras ocupar Bobastro, una fortaleza situada en los montes de Málaga, Abderramán desenterró el cadáver del líder de este emplazamiento, que se había convertido al cristianismo, y lo mandó izar en una cruz a orillas del Guadalquivir.

Cuando Abderramán III llegó al poder tuvo que hacer frente a la proliferación del cristianismo en la península Ibérica. Durante años, las expediciones cordobesas habían dejado de atacar los territorios del norte, y ello permitió la consolidación y expansión de reinos y condados cristianos. En 939, Abderramán sufrió su peor derrota: las tropas cristianas le vencieron en la batalla de Alhándega, durante la que le abandonó una parte de su propio ejército. Abderramán continuó en el poder hasta su muerte en octubre de 961. Murió a los 73 años, en su lecho y tras haber conseguido logros impresionantes. Sin embargo, no parece que Abderramán muriera satisfecho. Tras su fallecimiento hubo quien dijo haber encontrado un escrito de su puño y letra en el que el califa afirmaba que a lo largo de su vida habían sido muy escasos los días de felicidad de los que había disfrutado. Corrían noticias que hablaban de la brutal crueldad de Abderramán con sus esclavas, reflejo de un carácter colérico e irascible, incapaz de soportar un desdén.

Via: [1] national geographic


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